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jueves, 22 de octubre de 2009

'Con faldas y a lo loco' cumple medio siglo



El 29 de marzo de hace, ahora, cincuenta años, se veía por primera vez en pantalla grande el curvilíneo cuerpo de Marilyn Monroe (¡como si fuese necesario una ampliación de sus movimientos de gata!) evitando el chorro de vapor de un tren, mientras dos peculiares 'mujeres' -unos grandiosos Tony Curtis y Jack Lemon convertidos en Josephine y Daphne por avatares de un destino que les hacía huir de una peligrosa banda de mafiosos- la observaban atónitos. Esta era la primera escena en la que se puede ver juntos al trío protagonista de Con faldas y a lo loco, una de esas escasas muestras de obra maestra que pase el tiempo que pase sigue el plena forma, recordada y admirada como una de las grandes comedias que todavía no ha encontrado sustituta posible (y que tal y como está este género hoy en día dudamos de que se le pueda hacer sombra). Su fuerza no se encuentra el la trama, bastante floja y en momentos absurda, sino en sus actores y, sobre todo, en una dirección y un diálogo mordaz , obra y gracia del maestro Wilder.

Sobre la alfombra roja de aquel estreno que ahora vemos en blanco y negro, desfilaba lo mejorcito del Hollywood dorado. Un Billy Wilder que tenía el poder de convertir en éxito todo aquello que rodaba y que, por fin, descansaba a gusto de un rodaje complicado. Su película terminaba con la famosa frase de "nadie es perfecto", pero aquellos meses de rodajes, de excesos de estrella y de tardanzas por parte de una Monroe cuyo éxito profesional era inverso al personal había dejado exhausto al respetado director, que ya se había prometido no volver a trabajar con la estrella a la que dirigió en La tentación vive arriba.




Sin embargo, el cine es también industria y negocio. La Warner no pasaba por sus mejores momentos económicos, por lo que necesitaban urgentemente un director de éxito y un reclamo perfecto, es decir, Wilder y Monroe, para que volvieran las ganancias. De todas formas, el director no dudaría en desquitarse de la actriz declarando: "Por primera vez puedo mirar de nuevo a mi esposa sin que me entren ganas de pegarle por el simple hecho de ser mujer". 

Sea como fuese, la presencia de la Monroe era el aliciente perfecto como reclamo publicitario, sus excesos no hacían más que acrecentar la publicidad de la cinta, película en la que junto a Niágara, es quizá una de sus mejores actuaciones. Sin embargo el éxito no fue solo gracias a ella. Es más, quizá no fue ella la que lo tuviese en sus manos. A la actriz le robaron planos y unos magníficos diálogos dos desconocidos en aquellos días: Tony Curtis y Jack Lemon. El galán que se hacía con la chica, pronto sería la cara de las carpetas de las adolescentes de los años 50 y 60. Pero su publicitada vida sexual y sus affairs con varias actrices, entre ellas Monroe, no le quitarían de un ápice de gran actor. Pero sin duda, el gran descubrimiento fue Jack Lemon. Zorro viejo que supo ver al gran actor, Wilder no le perdió la vista y le hizo el protagonista de varias de sus películas más recordadas, como la magnífica El apartamento o Primera plana.

Con faldas y a lo loco consiguió recaudar diez millones de dólares de la época y el público la recibió tan bien en los primeros pases antes del estreno que Wilder tuvo que alargar algunas escenas debido a que las risas no dejaban oír los diálogos.


La película, hoy un clásico, tuvo su adaptación para Broadway en forma de musical bajo el título de Sugar, en la que Tony Curtis interpretó el papel del millonario Osgood Fielding III. Así, por fin, pudo pronunciar aquel "Nadie es perfecto".

'Vals con Bashir', la terapia animada de Folman



Ya lo comentaba el año pasado la actriz Natalie Portman cuando hacía de jurado en el Festival de Cannes: "Que una película tan buena como esta no gane un gran premio deja muy claro que, este año, la competición fue especialmente formidable". La película a la que hacía referencia la actriz es el documental animado Vals con Bashir, que a pesar de llevarse el Globo de Oro a la Mejor Película y ser nominada al Oscar, se marchó de vacío del festival cinematográfico más importante de Europa.

Vals con Bashir está planteada como una autoterapia que busca romper el muro que el tiempo y la memoria cimientan contra los malos recuerdos. Planteada de forma autobiográfica, la película habla de uno de los hechos más cruentos de la primera guerra del Líbano. Rememora el genocidio contra los palestinos llevado a cabo por los extremistas libaneses con el beneplácito del Ejército israelí en los campos de refugiados de Sabra y Chatila. Pero no es una película bélica al uso. En ella, sus recuerdos son los protagonistas a medida que se van haciendo presentes para el espectador y para Folman, que decide descubrir qué pasó ayudado por sus compañeros. A todos ellos les pasa lo mismo y todos van recordando, esforzándose juntos.

Originalidad

La película es original por varios motivos. Primero por su aspecto formal. Folman rescata la animación de manos de Disney o Pixar y da una respuesta contundente a los que piensan que sólo sirve para entretener al público infantil. "En mi mente, las escenas de la película siempre fueron animadas, así que no tuve otra opción", explica el director. Explorando la animación documental, consigue distanciarse del clasicismo animado y del documental. A las escenas de sus compañeros animados relatando sus experiencias todas ellas reales le suma las escenas finales, auténticas imágenes filmadas de la guerra del Líbano, que subrayan la intención y verosimilitud de la cinta, por si alguien todavía lo ponía en duda.

También es novedoso en su contenido. Israelí, Folman dice buscar con ella "que cuando crezcan mis hijos y vean la película, les ayude a saber escoger, a no participar en ninguna guerra". Aunque de forma velada, la cinta plantea el papel del Ejército israelí en aquellos hechos, y las heridas, en este caso mentales, que quedan a los que en ellos participan. Vals con Bashir consigue quitar el glamour que el cine imprime a las películas bélicas, dejando claro su objetivo: una llamada a la conciencia en contra de las guerras.

martes, 13 de octubre de 2009

'Caramel'. Caramelo agridulce



La directora libanesa Nadine Labaki nos sorprende con su primera película, Caramel, tragicomedia ambientada en Beirut que está cosechando buenas críticas allá por el festival que pasa. Acogida con gran éxito en Cannes, Premio del Público en el Festival de San Sebastián y candidata al Oscar como película de habla no inglesa, Labaki, con esta cinta donde es directora, guionista y coprotagonista, no ha podido debutar mejor en el cine, tras su corta experiencia tras las cámaras rodando anuncios y videoclips.

El título de la película, Caramel, hace referencia al producto que se utiliza en el Próximo Oriente para la depilación, una mezcla de caramelo, limón y agua. Y así se nos presenta. Caramel es una cinta agridulce, donde los elementos más dulces -en este caso cinco mujeres libanesas, amigas, de diferentes edades- se ven en un entorno que, a veces, hace daño. Pero no nos equivoquemos. Si se busca una película que trate la difícil situación de la mujer musulmana como antítesis de la mujer occidental, ésta no es la película. Labaki ha optado por presentárnoslas más cercanas, sin tapujos y de forma valiente, con los problemas que puede tener cualquier mujer: una amante que está harta de serlo, una mujer que tiene miedo de envejecer, una costurera que ha de hacerse cargo de un familiar enfermo y que por ella renuncia a una oportunidad de ser feliz o una historia de lesbianismo, sabiamente insinuada. Todo ello encerrado en las tradiciones de su país y religión. Ante esta situación, les queda el salón de belleza, donde trabajan, como refugio donde hablar de sus vidas. Aquí se da la esencia de la película.

Ésta es ante todo una película de amistad dentro del universo femenino, una película de deseos por los que luchar, pero también de ilusiones que sacrificar. Aunque la falta de un contexto espacial del país pueda saber a poco para los interesados en la zona de Oriente Próximo, es la manera en que están dibujados los personajes, las interpretaciones de las cinco protagonistas -ninguna de ellas actriz profesional-, los matices de las diferentes situaciones contadas o los diálogos sencillos y sinceros, los grandes aciertos de la película, que nos pone a las espectadoras ante situaciones que hemos o podríamos vivir y, olvidándonos de la cinta, las vemos más como compañeras de fatigas.

Caramel es un acierto porque nos muestra otra cara del Líbano. Ésta no es una película que hable sobre conflictos armados, sino sobre problemas de mujeres cercanas, de problemas que puede tener cualquier mujer, y nos acerca a ellas hablando de tú a tú. Es una lástima que al no llevar sello americano se quedase olvidada en las salas de los cines más escondidos del país... suerte que tenemos los DVD.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Romeo, Julia a tma (Romeo, Julieta y las tinieblas)



Jirí Weiss (Praga, 1913) dirige esta cinta a medio camino entre el famoso drama shakespiriano de Romeo y Julieta y el Diario de Anna Frank. Director comprometido y poco conocido, Weiss decide en esta cinta centrarse más en el drama de personas corrientes ante la invasión nazi de Praga que dar una visión política de la guerra, lo que no le libró de ver su película censurada en todas las salas de cine comercial.

Gandora de la Concha de Oro en el festival de San Sebastián de 1960, Romeo, Julieta y las tinieblas cuenta la historia de amor entre el joven y ario Pavel (un magnífico Iván Mistrík al que no le sacaron jugo fuera de su país natal) y una inocente y desamparada judia, Hanka Würm (una poco expresiva y muy bella Daniela Smutná) a la que Pavel, en contra de las deportaciones nazis, decide esconder en el sótano de su casa. Lo más interesante de esta película es la lucha del protagonista contra sus vecinos, contra el miedo de que se sepa su 'secreto', lo que lleve a que tanto él como Hanka a morir a mano de los nazis, en definitiva el agobio de la razón y la humanidad del protagonista frente a una cantidad de sucesos que no puede asimilar
y por los que se siente superado.

Interesante también el retrato que realiza Weiss de la sociedad. Weiss, que se vio obligado en la vida real a exiliarse a París y Londres, donde trabajaría como documentalista para el gobierno en el exilio de Checoslovaquia, refleja una soledad con miedo que, incapaces de hacer frente a las situaciones, se refugian en sus casas, en su pequeño microcosmos, y asienten dóciles ante los hechos con el único fin de sobrevivir. Señalar el juego de sombras y luces de esta cinta en blanco y negro, que se acoplan perfectamente al hilo argumental del largometraje y explican,  a su manera, el drama de todos sus personajes.

La cinta, como los personajes de Shakespeare, como acabaron muchos judios checos, termina trágicamente. De forma circular, la película comienza y acaba en la pequeña habitación donde Hanka vivió sus últimos días, sin ella, al igual que los sentimientos de Pavel, ahora está vacía y sombría.